LA FILOSOFÍA MODERNA

 

Cap. 1º: FILOSOFÍA Y CIENCIA RENACENTISTA

I. Filosofía Renacentista

A.- Retorno a la filosofía antigua

B.- Teosofía mística

C.- Metafísica: N. de Cusa y G. Bruno

D.- Los humanistas

C.- Filosofía política: Maquiavelo, Th. More

II. La Ciencia Renacentista

A.- El nacimiento de la Física matemática

B.- Un nuevo método: Galileo Galilei

C.- El espíritu de la nueva ciencia: F. Bacon

 

Cap. 2º: RACIONALISMO

I. La época del Barroco. El s. XVII

II. DESCARTES

A.- Introd.: replanteamiento de la filosofía

B.- El método

C.- La duda metódica, la certeza y el «cogito»

D.- Del «yo pensante» a Dios

E.- De Dios al mundo: la «res extensa»

F.- El hombre

III.- Un anticartesiano: Pascal

IV. Spinoza: la substancia

V. Leibniz: concepción del saber, la substancia

 

Cap. 3º: EMPIRISMO

I. Introducción

II. T. Hobbes

III. J. Locke

IV. G. Berkeley

V. D. HUME

A.- Principio empirista

B.- Valor del conocimiento humano

C.- Objetos del conocimiento humano

D.- Crítica del principio de causalidad

E.- Crítica de la idea de substancia

F.- Escepticismo

G.- Ética

 

Cap. 4º: LA ILUSTRACIÓN

I. El espíritu de la ilustración y sus protagonistas

II. Características generales

III. J. J. ROUSSEAU

A.- Ruptura con los ilustrados

B.- «El contrato social»

 

Cap. 5º: IMMANUEL KANT

1. El idealismo trascendental

1.1. La actitud idealista

1.2. Punto de partida ("faktum"): la ciencia y la moral

1.3. El conocimiento: juicios sintéticos y analíticos

1.4. Los juicios científicos: «sintéticos a priori»

2. Crítica de la Razón Pura

2.1. El problema de los juicios sintéticos a priori

2.2. Estética trascendental.- Sensibilidad

2.3. Analítica trascendental.- Entendimiento

2.4. Dialéctica trascendental.- Razón

3. Crítica de la Razón Práctica: la ética kantiana

3.1. La conciencia moral

3.2. Imperativo hipotético e imperativo categórico

3.3. Autonomía y heteronomía

3.4. Postulados de la Razón Práctica

3.5. Primacía de la Razón Práctica

 

Cap. 6º: IDEALISMO ALEMÁN

I. Ilustración y Romanticismo

II. Noción de idealismo

III. Idealismo alemán

A.- Rasgos comunes

B.- Negación de la «cosa en sí»

C.- Consecuencias

D.- Idealismo Absoluto: HEGEL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cap. 1º

FILOSOFÍA Y CIENCIA RENACENTISTA

 

 

Los criterios más tradicionales y extendidos hacen coincidir el Renacimiento con los siglos XV y XVI (en historia de la filosofía los límites se situarían entre Nicolás de Cusa y Descartes). A pesar de la polémica sobre el significado continuísta o rupturista del Renacimiento, ha sido tradicional asociarlo al movimiento humanista que postula la vuelta a los autores clásicos de Grecia y Roma, el cultivo del arte por el arte, el aprecio de la naturaleza y del individuo humano considerado como un valor en sí mismo (antropocentrismo). El otro gran acontecimiento intelectual de la época es el nacimiento de la ciencia moderna, concretamente de la física matemática.

Tampoco hay que olvidar que los primeros siglos de la modernidad son los siglos de la Reforma (Lutero, Calvino, Enrique VIII) y de la Contrarreforma (Concilio de Trento, 1545-1563) de la Iglesia, de la consolidación de los estados nacionales modernos, de los descubrimientos geográficos, de la expansión y universalización del comercio, del auge de la burguesía comercial, de la extensión de las letras por la imprenta y de la instauración del método de la ciencia moderna. Pero también es la época de las persecuciones religiosas, de las insurrecciones del campesinado y de la revuelta de los artesanos, del aumento de la pobreza de gran parte de la población (las Ordenes Mendicantes ya no aseguran la función asistencial que había sido característica de los monasterios benedictinos y cistercienses), del inicio del comercio de esclavos, de la intensificación general de la magia y la astrología, etc..

 

I. FILOSOFÍA RENACENTISTA

No hay "una" filosofía del Renacimiento, sino un conjunto de corrientes que si tienen algo en común es un cierto carácter de "inmadurez" y novedad. Los filósofos de esta época siguen hablando de los mismos temas y empleando la misma terminología que los pensadores medievales; sus fuentes serán casi las mismas, el problema religioso estará igual de presente, y, sin embargo, en lo que dicen se vislumbra lo nuevo: la racionalidad moderna, ligada a ideas tales como la autonomía del individuo humano, la infinitud del mundo natural y el aprecio e interés por el conocimiento de la naturaleza.

 

A.- Retorno a la filosofía antigua

-Platónicos y neoplatónicos: Jorge Gemisto Pleton (1389-1464), Marsilio Ficino (1433 - 1499), Pico della Mirandola (1463-1499).

-Aristotélicos (divididos en torno al problema de la inmortalidad y el entendimiento agente entre averroístas y alejandrinos): Pietro Pomponazzi (1426-1525), Giacomo Zabarella (1533 - 1589), Cesare Cremonini (1550-1631), Cayetano (tomista, 1468-1534).

-Estoicos: Justo Lipsio (m. 1606).

-Epicúreos: Lorenzo Valla (1407-1457), Gassendi (1592-1655)

-Escépticos: Montaigne (1533-1592), Pierre Charron (1541-1603).

 

B.- Teosofía mística

Agripa von Nettesheim (ocultista y neoplatónico, 1486-1585), Jacob Böhme (zapatero, punto culminante de la teosofía alemana, influirá en Schelling, 1575-1624).

 

C.- Metafísica:

- NICOLÁS DE CUSA (1401-1461): Primer gran filósofo alemán de la época moderna; visión cristiano-escolástica del universo, pero con desarrollos que apuntan a planteamientos modernos; recibe la influencia del neoplatonismo y de la mística alemana.

Doctrina: Distingue entre «infinito absoluto», Dios, e «infinito privativo» -carente de límites-, el universo creado. Doctrina de la docta ignorantia: la «ratio», que sólo se dirige a objetos finitos, no puede tener acerca de Dios más que ignorancia; el «intellectus», en cambio, es capaz de ver los contrarios reducidos a unidad, obteniendo con ello un cierto conocimiento del Infinito (que es una coincidentia oppositorum o unidad superior de los contrarios). Aplica estos principios al mundo, que, como efecto de Dios, participa de su incognoscibilidad.

- GIORDANO BRUNO (1548-1600): Poeta y filósofo. Primer sistema panteísta acabado de la Edad Moderna; influido por N. de Cusa.

Doctrina: Adopta de N. de Cusa su concepción del infinito, pero rechaza la distinción de los dos infinitos separados: el universo es infinito y Dios es infinito, luego el universo es Dios. Concibe la materia del mundo como dotada de alma y animación. Su teoría del conocimiento participa del neoplatonismo, del lulismo y de las concepciones mágicas de inspiración hermética.

 

D.- Los Humanistas

En esta época prolifera un nuevo tipo de escritor y pensador, cuyo objetivo no es estrictamente filosófico, que trata de ejercer libremente el pensamiento y la crítica con base más en la propia experiencia que en las viejas tradiciones o escuelas de pensamiento. Hay que ligarlos también al culto por la literatura, el pensamiento y, en general, la cultura clásica greco-latina. Uno de los temas fundamentales de la crítica humanista son los ataques a la lógica escolástica y la exaltación de la retórica.

Los más destacados de estos pensadores son: Lorenzo Valla (1407-1457), Luis Vives (1492-1540), Erasmo de Roterdam (1467-1536), Pedro Ramus (1515-1572), Rabelais (1493-1563), Montaigne (1533-1592).

 

E.- Filosofía política y jurídica

- MAQUIAVELO (1467-1527): En su obra fundamental, El Príncipe, el problema básico no es el de la justificación metafísica o teológica del poder, sino el del conocimiento puro y simple de los mecanismos efectivos por los que se consigue y se mantiene el poder político. Un doble factor debe considerarse a este respecto: la virtud y la fortuna. La virtud, que nada tiene que ver con los conceptos éticos tradicionales, se juzga por sus resultados y su objetivo es la conquista y el dominio políticos, la capacidad o la astucia para el arte de la política. Ahora bien, el éxito en este arte depende también de la fortuna, la suerte, y de la habilidad para sacar provecho de las circunstancias. Así la teoría política de Maquiavelo aparece como un saber pragmático. No se trata de saber cómo debe ser el poder, sino cómo es, como funciona de hecho en la sociedad moderna. Se trata, por lo tanto, de un pensador realista que inaugura un nuevo campo: el estudio de la realidad del poder. Con él comienza toda una tradición de pensamiento político que estará muy presente en la filosofía moderna.

- THOMAS MORE -Tomás Moro- (1480-1535): La obra fundamental de este humanista inglés es Utopía. El problema fundamental en su pensamiento no es el del poder político, sino el de la organización social. La Utopía de Moro es una isla en la que la vida social está organizada con vistas a lograr la máxima felicidad; sus moradores desprecian el oro y aprecian el trabajo, la igualdad y la naturaleza; son tolerantes en religión y se rigen por un sistema democrático sin privilegios. La idea base de su organización es la igualdad y la cultura del pueblo.

En torno a este ideal de reforma social aparecen en años sucesivos otras obras como: La Ciudad del Sol de Campanella (1568-1639) o la Nueva Atlántida de F. Bacon.

-Hugo Grocio (1583-1645): autor clásico del derecho natural e internacional.

 

 

II. LA CIENCIA RENACENTISTA

A.- EL NACIMIENTO DE LA FÍSICA MATEMÁTICA

Partiendo de la metafísica nominalista, en los siglos XVI y XVII se constituye una ciencia natural que difiere esencialmente de la aristotélica y medieval. Se abandona la cosmología aristotélica ptolemaica que es sustituída por la nueva astronomía, lo que supone el paso de un «cosmos limitado» a un «universo infinito». Desde Copérnico hasta Newton se elabora la nueva física, que llegará hasta nuestros días, donde sufrirá otra radical transformación de manos de Einstein, que formula su teoría de la relatividad; de Plank, fundador de la mecánica cuántica, y de los físicos que han establecido las bases de la mecánica ondulatoria (Heisenberg, Schrödinger, Broglie, Dirac) y de la física nuclear (Hahn, Fermi, Oppenheimer, etc.).

Durante los siglos XVI y XVII el pensamiento humano, o al menos el europeo, sufrió una profunda revolución que transformó el marco y los patrones de nuestro pensamiento, de la que la ciencia y la filosofía modernas constituyen a la vez la raíz y el fruto.

Es comúnmente admitido que el desarrollo de la nueva cosmología, que sustituyó al mundo geocéntrico e incluso antropocéntrico de la astronomía griega y medieval por el heliocéntrico y, más tarde, por el universo sin centro de la astronomía moderna, desempeñó una función suprema en esta revolución (a la que se ha llamado también «crisis de la conciencia europea»). Algunos historiadores han subrayado la conversión del espíritu humano de la teoría a la praxis, de la scientia contemplativa a la scientia activa et operativa, la cual transformó al hombre de espectador en dueño y señor de la naturaleza. Otros han puesto de relieve la sustitución del patrón teológico y organicista del pensamiento y la explicación por el patrón mecánico y causal que conduciría en último término a la «mecanización de la visión del mundo», tan preeminente en la época moderna, especialmente en el siglo XVIII. Hay incluso quienes se han limitado a describir la desesperación y confusión inducida por la «nueva filosofía» en un mundo del que había desaparecido todo rastro de coherencia y en el que los cielos ya no proclamaban la gloria de Dios.

Por lo que a mí respecta los cambios introducidos por esta revolución me parece que se pueden reducir a dos fundamentales:

1) La destrucción del cosmos, es decir, la sustitución del mundo como un todo finito y bien ordenado, en el que el espacio estaba estructurado mediante una jerarquía de perfección y valor, por la de un universo indefinido o aun infinito unificado tan sólo por la identidad de sus leyes y componentes últimos y básicos.

2) La geometrización del espacio. Se sustituye la concepción aristotélica del espacio (un conjunto diferenciado de lugares intramundanos) por la de la geometría euclídea (una extensión esencialmente infinita y homogénea) que, a partir de entonces, pasa a considerarse idéntica al espacio real del mundo.

Este cambio espiritual no se produjo repentinamente. También las revoluciones exigen tiempo para realizarse. Así las esferas celestes que ceñían el mundo, manteniéndolo unido, no desaparecieron de un golpe con una poderosa explosión; la burbuja del mundo creció y se hinchó antes de estallar, confundiéndose con el espacio que la rodeaba. De hecho la senda que lleva del mundo cerrado de los antiguos al abierto de los modernos no era muy larga: escasamente cien años separan el "De revolutionis orbium caelestium" de Copérnico (1543) de los "Principia philosophiae" de Descartes (1644); apenas cuarenta años separan esos Principia de la obra de Newton "Philosophiae naturalis principia mathematica" (1687). [Adaptado de A. Koyré, Del mundo cerrado al universo infinito]

Nicolás Copérnico (1473-1543): canónigo polaco, estudió matemáticas, astronomía y medicina. En su obra "De revolutionis orbium caelestium" afirma que el Sol es el centro de nuestro sistema, y que la Tierra, como los demás planetas, gira en torno de él. Esta idea, que recogía antiquísimas presunciones griegas, fue acogida hostilmente por algunos grupos de opinión, ya que contradecía todas las representaciones habituales.

Johannes Kepler (1571-1630), astrónomo alemán, recogió las ideas copernicanas y publicó en 1609 su "Physica caelestis". Basándose en las observaciones legadas por Tycho Brahe (1546-1601) formuló, en expresión matemática, tres leyes de las órbitas planetarias. En ellas establecía que las órbitas son elípticas, que los rayos vectores de los planetas barren áreas iguales en tiempos iguales, y que los cuadrados de los tiempos de traslación de los planetas son proporcionales a los cubos de sus distancias al Sol. Kepler afirma de modo enérgico el matematismo en la ciencia: "Nada puede conocer perfectamente el hombre más que magnitudes o por medio de magnitudes".

Galileo Galilei (1564-1642), nacido en Pisa (Italia), se le puede considerar como el verdadero fundador de la física moderna. Fue profesor de Padua. Sus obras principales son: "Il Saggiatore", "Dialogo dei massimi sistemi" y "Discorsi e dimostrazioni matematiche intorno a due nuove science". Partidario del heliocentrismo copernicano, utilizó por primera vez el telescopio para la observación astronómica, lo que le llevó al descubrimiento de los satélites de Júpiter y a la negación de las esferas cristalinas. Aunque no afirmó la infinitud del Universo (formulada con anterioridad por Giordano Bruno [nacido en 1548 y condenado por el Santo Oficio a morir en la hoguera en 1600]), si que en algunos fragmentos de sus obras considera dicha infinitud como una hipótesis probable, aunque no demostrable. En cuanto a la mecánica desarrolló la teoría del movimiento uniformemente acelerado. En 1615 es denunciado por primera vez ante el Santo Oficio, pero será en el año 1632 cuando comience el proceso en el que será condenado. Galileo se retracta y es desterrado, muriendo en el exilio en 1642. A pesar de la condena, las teorías de Galileo se extienden con rapidez y es en él donde se encuentra la idea de la naturaleza que caracterizará a la época moderna.

Después de Galileo hay una larga serie de físicos que completan y desarrollan su ciencia: Torricelli, su discípulo, inventor del barómetro; el francés Gassendi, que renovó el atomismo; el inglés Robert Boyle, que da carácter científico a la química; el holandés Huyghens, descubridor de importantes leyes mecánicas y autor de la teoría ondulatoria de la luz; Snell, óptico, y Descartes, que descubre la geometría analítica; Leibniz, descubridor del cálculo infinitesimal, y, sobre todo, el inglés Newton, que hace a la vez el mismo descubrimiento y formula de un modo general el principio de la física moderna.

Isaac Newton (1642-1727), profesor de Cambridge, filósofo, matemático, físico y teólogo, publicó en 1687 una de las obras más importantes de la historia: "Philosophiae naturalis principia mathematica". Con él se lleva a cabo la unificación de la física terrestre y la celeste. Formuló la ley de la gravitación universal e interpretó la totalidad de la mecánica en función de las atracciones de masas, expresables matemáticamente. Con los dos grandes instrumentos matemáticos del siglo XVII, la geometría analítica y el cálculo infinitesimal, la física puede ya seguir su camino, el «seguro camino de la ciencia», de que hablará un siglo después Kant.

Con la construcción del universo corpuscular newtoniano se completa la revolución conceptual iniciada por Copérnico un siglo y medio antes. (...) Sin embargo, el universo newtoniano no era un simple marco donde encuadrar la tierra planetaria de Copérnico, sino algo mucho más importante, una nueva forma de observar la naturaleza, el hombre y Dios: una nueva perspectiva científica y cosmológica que a lo largo de los siglos XVIII y XIX enriquecería una y otra vez las ciencias a la vez que remodelaría las filosofías política y religiosa.

(...) La concepción de un universo constituido por átomos, cuyo movimiento eterno obedece a unas pocas leyes promulgadas por Dios, había cambiado para muchos hombres la imagen de la propia divinidad. En el universo-reloj, Dios aparecía muy a menudo como simple relojero, como el Ser que había diseñado sus componentes atómicos y establecido las leyes de su movimiento, abandonándolo a sí mismo después de puesto en marcha. El deísmo, versión elaborada de este punto de vista, fue un ingrediente de primer orden en el pensamiento de finales del siglo XVII y del XVIII. A medida que progresaba, iba declinando la creencia en los milagros, pues éstos no eran otra cosa que una interrupción de las leyes mecánicas, una intervención directa de Dios y de los ángeles en los asuntos terrestres. Hacia finales del siglo XVIII, eran muchos los hombres, científicos o no, que consideraban innecesario seguir planteando el problema de la existencia de Dios. (Thomas S. Kuhn, La revolución copernicana, cap. 7)

 

B.- Un nuevo MÉTODO, una nueva concepción de lo real: GALILEO GALILEI

Es a Galileo a quien hay que atribuir la implantación de una nueva metodología científica, que tiene sus antecedentes en Arquímedes y Euclides e inmediatamente en Leonardo da Vinci y la escuela de medicina de Padua. Este nuevo método, de resolución y composición, se aleja de la metodología aristotélica, que se caracterizaba por la utilización de la inducción simple que conduce a generalizaciones injustificadas y, a continuación, deducciones según la técnica silogística (además los aristotélicos utilizaban con frecuencia el argumento de autoridad).

El método de resolución y composición, tal como lo formula Galileo en una carta a Pierre Carcavy, consta de los siguientes pasos:

1.- Resolución: análisis del fenómeno a estudiar y reducción a sus propiedades esenciales. Sólo se tendrán en cuenta las cualidades primarias, es decir, aquellas que pueden ser objeto de medida.

2.- Composición: Construcción de una "suposición" o hipótesis de carácter matemático que enlace los elementos a que se ha reducido el fenómeno. A continuación se deduce matemáticamente las consecuencias de esta hipótesis (de aquí que más tarde se denomine a este método "hipotético-deductivo").

3.-Resolución experimental: puesta a prueba de la hipótesis por medio de experimentos con los que se compruebe la veracidad de las consecuencias deducidas de dicha hipótesis (lo que se comprueba experimentalmente no es la hipótesis, sino sus consecuencias).

Matematización y experimentación, características de este método, son expresión de la confianza depositada en la razón; una razón que, desligada de toda autoridad -sea la de la tradición o la de los sentidos-, impone sus leyes a la experiencia (leyes de carácter matemático). Galileo estaba profundamente convencido de que la estructura del mundo era de tipo esencialmente matemático, y de que el pensamiento matemático estaba, por consiguiente, en condiciones de penetrar en la armonía del universo.

Desde el punto de vista histórico, recordaremos que la confianza en el valor cognoscitivo de la matématica pudo sostenerse, en sus comienzos, sobre un postulado metafísico religioso que, si hoy puede parecernos casi pueril, poseyó seguramente máxima eficacia en tiempos de Galileo. Se trata del postulado según el cual Dios mismo, en el acto creador, impuso al universo un sistema de leyes concebidas matemáticamente, es decir, que el gran libro de la naturaleza fue escrito por su creador en símbolos matemáticos, de modo que para leerlo fuera necesario y suficiente conocer estos símbolos y usarlos con rigurosa precisión.

El resultado más importante de tal actitud es que el investigador ya no va en busca de oscuras esencias de los fenómenos, ni de remotas causas metafísicas, ni de inverificables causas finales. El lenguaje matemático no puede captar sino relaciones entre fenómenos, pero estas relaciones son algo que puede medirse, y, por lo tanto, algo que puede verificarse o falsificarse. (L. Geymonat, El pensamiento científico, Cap. VI, 4)

Aunque es cierto que lo que anima a la nueva ciencia natural es el mirar a la realidad misma, no a los textos, el reproche que se le hace a Galileo es, sin embargo, el de no atenerse a los hechos concretos, sino anteponerles cierto tipo de exigencias del entendimiento teórico. Veamos algún ejemplo de ello:

- Cuando Galileo habla de una esfera que rueda sobre un plano, establece que la esfera en cada momento sólo toca al plano en un punto. Un escolástico le objetaría que semejante modelo es físicamente falso. Galileo opera siempre con abstracciones matemáticas.

- Al tratar del movimiento de un cuerpo establece que la velocidad permanece constante mientras no actúa ninguna fuerza. El propio Galileo nos dice que no le preocupa la cuestión de si puede haber de hecho un cuerpo en tales condiciones. Se trata de una construcción mental elaborada "a priori", aparte de la experiencia.

- Lo que caracteriza al movimiento de caída libre de los cuerpos es el tener una aceleración constante, la misma para cualquier cuerpo que caiga. Esto no se cumple en la experiencia. Galileo responde que esto no ocurre porque en nuestra experiencia la caída de los cuerpos no es libre, sino que actúa siempre una fuerza contraria: la resistencia del aire, cuya magnitud depende de la forma y volumen del cuerpo que cae y de su velocidad en cada momento.

Galileo establece los principios de la Física no en virtud de la experiencia, sino en virtud de ciertas exigencias previas, que residen en una construcción "a priori" de la mente misma, con la que lo empírico tiene que ser acorde. Esta construcción es lo que llamamos MATEMÁTICA. El postulado de Galileo es, pues, que la experiencia ha de poder reducirse a esquemas matemáticos. Así lo ente, lo real, será por principio aquello que se deja reducir a esquemas matemáticos, que en este momento quiere decir a esquemas cuantitativos: a fórmulas que no contengan otra cosa que operaciones con cantidades; ha de tratarse con magnitudes. Hay dos tipos de realidad que cumplen esta condición: la extensión (magnitud espacial) y la duración (magnitud temporal). El espacio y el tiempo son magnitud pura, carecen de toda determinación cualitativa (son, por ello, uniformes e infinitos). El hecho de estar determinado cuantitativamente en el espacio y en el tiempo es lo que constituye el concepto moderno de materia (la materia es lo ente, lo real). Por el contrario aquellas cualidades que no son reductibles a magnitud (color, sonido, olor, sabor) son excluidos de lo real, son subjetivas: son efecto dependiente de la peculiar constitución de nuestros órganos sensoriales y debido a ciertas características del objeto.

El conocimiento científico no consiste simplemente en tomar lo que la experiencia nos da. La mente produce en sí misma ciertos esquemas coherentes en sí mismos. Luego se comprueba si la realidad sensible confirma los resultados que teóricamente se obtienen de esos esquemas. La propia ley de la mente con arreglo a la cual ésta construye sus esquemas es la matemática (se abre paso una nueva noción de ser y de verdad: Descartes).

En conclusión, lo esencial del llamado método experimental no es el "atenerse a los hechos", sino precisamente el producir en la mente un esquema matemático e interrogar a la experiencia partiendo de ese esquema. Así el físico, en adelante, no se limita a observar lo real, sino que produce en lo real unas determinadas condiciones para observar cuál es la respuesta de lo real en tales condiciones (lo que conlleva un aislamiento de aspectos particulares de la naturaleza). A la producción en la realidad de unas condiciones establecidas y controladas por el científico con el fin de observar que resultado se da en esas condiciones le llamamos experimento.

 

C.- El espíritu de la NUEVA CIENCIA: FRANCIS BACON

Así como en Galileo hallamos el modelo de metodología científica, en F. Bacon (1561-1626), que no destacó propiamente como científico, encontramos explicitados los ideales que van a guiar a la ciencia moderna. Su obra principal, "Novum Organum", presenta una lógica inductiva, opuesta a la lógica aristotélica, deductiva y silogística. Otra de sus obras más conocidas, "Nova Atlántida", representa el intento de reformar la sociedad a través de la ciencia aplicada. El paso previo para esta reforma social es la reforma de la ciencia, de sus objetivos y de sus métodos (otra de sus obras, "Instauratio Magna", se refiere a esta "gran renovación" o reconstrucción del saber).

El objetivo de la ciencia es establecer y extender el dominio del hombre sobre el Universo. En Bacon se une el interés teórico al técnico: saber es poder. La ciencia es poderío, capacidad de dominio sobre la naturaleza, con el fin de instaurar el "regnum hominis" en el mundo. Pero "natura non nisi parendo vincitur", no se vence a la naturaleza más que obedeciéndola, es decir, adaptándose a su estructura y a sus leyes. La técnica requiere, entonces, un conocimiento previo de la realidad: la ciencia. Sólo descubriendo las leyes según las cuales se comportan los fenómenos (Bacon rechaza el estudio de las causas finales aristotélicas), el hombre se pone en condiciones de dominar metódicamente la naturaleza.

En cuanto al método del que se ha de servir la ciencia, Bacon insiste en la inducción: de una serie de hechos individuales, agrupados de modo sistemático y conveniente, se obtienen por abstracción, después de seguir un proceso experimental y lógico riguroso, los conceptos (formas) generales de las cosas y las leyes de la naturaleza. Pero este método, en cierto sentido, se opone al de la física moderna (Galileo), al no conceder importancia al uso del lenguaje matemático en la práctica científica. En este punto Bacon se aleja del camino que va a seguir la nueva ciencia, por lo que su pensamiento significa, más bien, la culminación del Renacimiento, que es filosóficamente la etapa que va desde el último sistema original -el ockamismo- hasta la primera formulación madura y clara del pensamiento de la modernidad -la filosofía cartesiana-.